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Estrés laboral en Chile: ¿Qué tanto es realidad o percepción?

Estres laboral en chile

Hablar de estrés laboral en Chile es tocar una herida que duele. Los estudios no mienten: más del 80% de quienes trabajamos sentimos esa presión constante en el pecho. Los titulares siempre apuntan a lo mismo: jornadas eternas, metas imposibles, sueldos que no alcanzan ni para llegar a fin de mes. Pero hay algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza, algo de lo que casi nadie habla: el poder tremendo que tiene nuestra percepción.

La verdad es que, he llegado a una conclusión que quizás suene controversial: el estrés no siempre nace del trabajo en sí mismo. A veces es la lupa con la que miramos nuestra realidad la que amplifica todo hasta volverlo insoportable.

Claro, hay momentos donde las alarmas se disparan porque la situación lo amerita. Imagínate un paramédico en plena emergencia o un cirujano con una vida entre sus manos. Ahí el estrés es real, tangible, incluso necesario. Pero fuera de esos casos excepcionales, donde lo inesperado es pan de cada día, me he dado cuenta de algo curioso: Hay gente que objetivamente debería estar estresada, pero no lo están,

El panorama del estrés laboral en Chile

Las cifras de la Dirección del Trabajo y las universidades chilenas son brutales. La mayoría declara sentirse (que es lo mismo que percibirse) aplastado, fatigado, al borde del colapso por causas laborales. En los estudios de la OCDE sobre bienestar y salud mental, Chile aparece en posiciones que dan pena. Es como si fuéramos especialistas en sufrir trabajando.

Cuando uno escarba un poco, encuentra una mezcla explosiva de situaciones objetivas y subjetivas:

Jornadas que parecen no terminar nunca. Esas ocho horas que se estiran hasta convertirse en diez, once, doce…

Traslados que son una odisea diaria. Dos horas de micro abarrotada, metro en hora punta, calles colapsadas. Llegas al trabajo ya molido.

Sueldos que son un chiste cruel frente al costo de la vida. Es como jugar un videojuego en modo imposible: nunca alcanza, siempre falta.

Inestabilidad laboral, cuando las cosas se ponen feas. Te quedas solo frente a tus deudas.

Tareas tan rutinarias que hasta una máquina se aburriría. Día tras día, lo mismo, sin un atisbo de creatividad o propósito.

Es cierto, muchas de estas cosas están fuera de nuestro control inmediato. No podemos cambiar el transporte público de un día para otro, ni duplicar nuestro sueldo por arte de magia. Pero ahí está el punto: lo que sí podemos ajustar es el lente con el que vemos todo esto, para que no se transforme en una carga emocional que nos aplaste.

mujer con estres laboral

Estrés real vs. percepción del estrés

El estrés real es cuando la situación te grita «¡Actúa ya!» Plazos que se vencen en horas, emergencias que requieren respuesta inmediata, montañas de trabajo que objetivamente no puedes escalar.

Pero después está el estrés percibido, ese que nace de cómo interpretamos lo que nos pasa. Y acá viene un fenómeno interesante: en las mismas oficinas, con los mismos jefes, las mismas tareas, hay gente que vive estresada hasta la médula y otros que no.

¿Cómo se explica eso? Si el contexto es idéntico, ¿por qué Juan llega a casa destruido y María, que hace exactamente lo mismo, llega tranquila? Esto me ha llevado a pensar que el estrés laboral, en buena medida, es un asunto de percepción.

Lo he comprobado en carne propia: trabajadores de mayor edad con rutinas que matarían a cualquiera y, sin embargo, no desarrollan ese estrés crónico que carcome. Mientras que otros más jóvenes, en condiciones prácticamente idénticas, sí se enferman y colapsan. ¿Los mayores tienen otros filtros?

Los factores externos que influyen en el estrés laboral

1. El Bolsillo Que No Da Más

En Chile, el sueldo promedio es bajo en relación a los gastos. No alcanza y obliga a muchos a sin endeudarse hasta las cejas. Esa sensación de caminar constantemente en la cuerda floja financiera genera una ansiedad de fondo que contamina todo. Es como trabajar con música de suspenso de fondo las 24 horas.

2. El Calvario del Transporte

Conozco gente que se levanta a las 5:30 AM para poder encontrar estacionamiento. Otros pasan horas de via crucis en micros abarrotadas, metros que parecen latas de sardinas. Para cuando llegan a la oficina, ya traen una mochila llena de frustración y cansancio. ¿Cómo no van a estar de mal humor?

3. El Vacío de Propósito

Una cosa es hacer algo difícil pero que tiene sentido, y otra muy distinta es hacer algo repetitivo que no le aporta nada a nadie. He visto cómo la falta de propósito desgasta más que la complejidad de la tarea. Es como remar y remar sin saber hacia dónde.

4. La Desprotección Que Aterra

Esa sensación de estar solo, sin respaldo, cuando las cosas se ponen difíciles. Es como trabajar sin arnés en un edificio en construcción.

5. Y Miles de Pequeños Demonios Más

Cada persona tiene su lista personal: problemas familiares que se mezclan con lo laboral, expectativas irreales, comparaciones constantes con otros, miedos al futuro… La verdad es que la lista es infinita y particular para cada uno.

Lo que me queda claro es que estas condiciones externas se vuelven una carga permanente. Y como no las podemos cambiar de la noche a la mañana, lo único que nos queda es cambiar la forma en que las miramos para que no se conviertan en un estrés que nos devore.

El problema del enfoque en el estrés laboral en Chile

¿Te has preguntado?, ¿por qué dos personas en la misma oficina viven experiencias tan distintas? Es como si tuvieran anteojos diferentes para ver la misma película.

Algunos desarrollan esa capacidad increíble de enfocarse en lo que sí pueden controlar. Son como esos navegantes que, en medio de la tormenta, logran mantener el rumbo mirando las estrellas, en cambio otros quedan atrapados en las olas, rumiando todo lo que está mal, todo lo que no pueden cambiar. Es agotador incluso de verlos.

Y acá viene mi reflexión más honesta: no se trata de negar que la realidad está complicada. Sería absurdo y cruel decirle a alguien que «todo está en su cabeza». Pero hay una diferencia abismal entre dolor y sufrimiento. El dolor, a veces, es inevitable. Pero el sufrimiento… ese siempre es opcional.

Cómo enfrentar el estrés laboral

Existen muchas maneras EFECTIVAS de manejar el estrés, pero menciono algunas:

1. Reformular la Percepción (Sin Sonar a Autoayuda Barata)

Este es el factor más poderoso y, además, es el único que podemos cambiar relativamente rápido. No estoy hablando de pensar bonito y ya está. Estoy hablando de técnicas concretas, comprobadas, que nos ayuden a procesar la realidad de forma más sana.

2. Buscar Apoyo Psicológico de Verdad

Cada vez más empresas ofrecen programas de salud mental, pero ojo: hay que buscar los que realmente sirven. Estamos hasta el cuello de «charlas motivacionales» cuyo efecto dura menos que un chicle. Necesitamos intervenciones serias de largo plazo, con resultados medibles.

3. Cuidar el Cuerpo Porque la Mente Vive Ahí

Esto no es negociable. Técnicas de respiración, pausas activas, ejercicio, hobbies… todo lo que ayude a regular nuestra respuesta fisiológica al estrés.

De hecho, conozco una empresa que tiene una política radical: no contratan a nadie que no practique algún deporte regularmente. Más allá del típico partidito de fútbol del fin de semana. ¿Por qué? Porque han comprobado que estas personas tienen muchísima mayor tolerancia a las presiones del día a día. No es ningún secreto, es pura ciencia aplicada.

El Equilibrio Necesario

La clave está en caminar por dos senderos a la vez: reconocer que parte importante del estrés nace de cómo percibimos las cosas, pero sin dejar de exigir mejoras reales en las condiciones. Una cosa no reemplaza a la otra. Ambas son necesarias si queremos un cambio que perdure.

Reflexión Final

El estrés laboral en una bestia compleja que mezcla factores duros —salarios insuficientes, transporte infernal, jornadas insanas— con un componente más sutil pero igual de poderoso: cómo interpretamos y vivimos todo eso.

La prueba está ahí, frente a nuestros ojos: bajo las mismas condiciones objetivas, algunos se estresan hasta enfermarse y otros logran navegar las dificultades con más calma. Esto nos obliga a preguntarnos si el problema está solo en las condiciones de trabajo o también en la forma en que las experimentamos.

Mi conclusión después de todo este análisis es que mientras luchamos por mejores sueldos, mejor transporte y jornadas más humanas, también debemos trabajar en esos filtros internos que determinan si las dificultades nos fortalecen o nos destrozan.