
Cuando hablamos de ansiedad en adolescentes con TEA (Trastorno del Espectro Autista), no estamos hablando de nervios ocasionales o del típico estrés pre-examen. No. Estamos hablando de algo que cala mucho más hondo, que toca la fibra misma de cómo estos jóvenes experimentan el mundo. Y la verdad es que esto preocupa —y con razón— a familias enteras, a profesionales de la salud, a maestros que los ven día tras día en el aula.
Lo que hace distinta la experiencia de un adolescente con TEA es que la ansiedad no viene y luego se va. Se queda. Se instala. Se vuelve casi una compañera constante que afecta sus relaciones, su manera de aprender, su paz interior. Es como si llevaran una alarma interna que nunca termina de apagarse del todo.
Y hay una teoría fascinante que puede ayudarnos a entender mejor qué está pasando: la teoría polivagal del Dr. Stephen Porges. Esta perspectiva nos ofrece una ventana diferente, casi revolucionaria, para comprender de dónde viene toda esa tensión.
Comprendiendo la ansiedad en adolescentes TEA
La ansiedad no se presenta igual en todos los adolescentes con TEA. Es más, a veces ni siquiera se parecen. Algunos chicos experimentan crisis de pánico evidentes, huyen de situaciones sociales como si les quemaran, o intensifican sus conductas repetitivas hasta niveles agotadores. Pero otros —y esto es lo que desconcierta a muchos padres— parecen estar tranquilos por fuera. Aparentemente todo está bien. Sin embargo, por dentro viven en un estado de alerta permanente, como un animal que nunca baja la guardia.
Según el Dr. Porges y su teoría polivagal, muchos niños y adolescentes con TEA estarían atrapados en un estado de estrés crónico. Incluso cuando descansan. Su sistema nervioso simplemente no encuentra el botón de «apagado». Y esto tiene consecuencias muy concretas: por ejemplo, afecta dramáticamente cómo procesan los sonidos.
Su sistema nervioso, al mantenerse en modo supervivencia, prioriza detectar amenazas en el ambiente. Entonces, ¿qué pasa? Que los sonidos del entorno —el zumbido de un refrigerador, el tráfico de afuera, el ventilador— compiten constantemente con la voz humana. No es que no escuchen. Es que escuchan todo al mismo tiempo, mezclado, sin filtro. Imagínate intentar seguir una conversación mientras alguien está pasando la aspiradora. Así, todo el tiempo. Esto podría explicar, al menos en parte, por qué algunos de estos adolescentes presentaron retrasos en el desarrollo del lenguaje.

Señales de ansiedad en adolescentes con TEA
Reconocer la ansiedad en un adolescente con TEA requiere afinar la mirada. Las señales están ahí, pero no siempre son las que esperaríamos. Además, cada chico es un universo particular.
Algunas de las manifestaciones más comunes incluyen irritabilidad que parece surgir de la nada, o una frustración que explota por cosas aparentemente insignificantes. Los movimientos repetitivos o estereotipados pueden aumentar notablemente: balancearse, girar objetos, hacer patrones con las manos. Sería su manera de decir «estoy sobrepasado» sin palabras.
El rechazo a ciertas interacciones sociales o a estímulos sensoriales específicos también es revelador. Y luego está algo que confunde a muchos: la dificultad para sostener la mirada. Esto merece que nos detengamos un momento.
La teoría polivagal nos da una explicación brillante: mirar directamente a los ojos puede interpretarse por el sistema nervioso primitivo como una amenaza. En la naturaleza, el contacto visual directo y sostenido es un desafío, una señal de peligro inminente. Por eso muchos adolescentes con TEA evitan mirarte a los ojos. No es desinterés. No es falta de conexión emocional. Es una estrategia de supervivencia, una forma de regular la ansiedad que se dispara cuando sienten que están siendo evaluados o confrontados. Es, en el fondo, su manera de protegerse.
El papel del sistema nervioso autónomo en la ansiedad infantil
Para entender realmente qué pasa con la ansiedad en estos adolescentes, tenemos que hablar del sistema nervioso autónomo. Este sistema es como el director de una orquesta que normalmente debería alternar entre dos estados: alerta y calma, tensión y relajación, acción y descanso.
Pero en muchos adolescentes con TEA, la batuta se quedó atascada en modo «alerta». El volumen del mundo está siempre demasiado alto. Incluso los estímulos más pequeños pueden detonar reacciones desproporcionadas de ansiedad. Es como vivir con el acelerador a fondo sin poder pisar el freno.
La verdad es que este patrón no es exclusivo del TEA. Se observa también en personas que han vivido traumas intensos: veteranos de guerra, sobrevivientes de catástrofes. Es como si el sistema nervioso quedara marcado, con un reflejo permanente de supervivencia que ya no logra distinguir entre una amenaza real y una falsa alarma.
Y aquí viene algo fascinante: esos movimientos repetitivos que tanto llaman la atención no son caprichos ni manierismos sin sentido. Cumplen una función vital. Piensa en un animal que acaba de escapar de un depredador: se sacude, tiembla, libera toda esa energía acumulada. Los adolescentes con TEA estarían haciendo algo similar con sus movimientos estereotipados. Están tratando de equilibrar su sensibilidad corporal, de descargar la tensión que se acumula sin parar, de encontrar algo de alivio en su medio interno.
Estrategias para reducir la ansiedad en adolescentes TEA
Aquí está la buena noticia, la que me parece más esperanzadora: si el desbalance del sistema nervioso autónomo puede provocar ansiedad, también podemos ayudar a restaurar el equilibrio. No es magia, es solo ciencia.
El entrenamiento en auto-hipnosis puede ser tremendamente útil, siempre que el chico pueda seguir instrucciones básicas. Esta técnica activa el sistema parasimpático —el que se encarga de la calma y la recuperación— y puede darles una herramienta poderosa para gestionar sus propios estados internos.
Las terapias basadas en sonido y música también muestran resultados prometedores. Ciertos tonos específicos pueden literalmente entrenar al oído para enfocarse en la voz humana, reduciendo el impacto de ese ruido ambiental que tanto los abruma. Es como ajustar el dial de una radio para que la señal se escuche más clara.
El apoyo psicoterapéutico especializado es fundamental. No cualquier enfoque funciona; tiene que estar adaptado específicamente al TEA y a cómo estos adolescentes procesan la información y las emociones.
Y algo que a veces se subestima: crear ambientes predecibles y estructurados. Cuando un adolescente con TEA sabe qué esperar, los factores sorpresa disminuyen y, con ellos, el estrés innecesario. La previsibilidad no es aburrimiento. Es seguridad.
Una conclusión que es también un comienzo
La ansiedad en adolescentes con TEA no es simplemente una reacción emocional exagerada o un problema de actitud. Es un reflejo profundo de cómo funciona su neurología, de cómo su sistema nervioso autónomo responde al mundo. Y cuando entendemos esto —cuando realmente lo comprendemos— todo cambia.
Porque si entendemos cómo el cuerpo responde al estrés, si comprendemos que la ansiedad tiene raíces neurológicas profundas, entonces podemos crear intervenciones más efectivas, más compasivas, más adaptadas a cada adolescente particular.
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