No hay una sola respuesta. La angustia es esa sensación desagradable que otros llaman ansiedad, miedo, etc.
En internet hay explicaciones desde lo filosófico hasta lo médico.
Pero desde nuestro punto de vista, la angustia es solo la respuesta del cuerpo a una percepción del cerebro de una amenaza muy intensa y/o permanente. Real o imaginaria
Esto pasa porque el ser humano trae «de fábrica» programas para captar amenazas y activar los sistemas de defensa y huida. Es supervivencia pura.
A esos programas se le suman otros nuevos, adquiridos de forma inconsciente:
→ por experiencias de vida
→ por sueños muy vívidos
→ incluso por la imaginación
El cerebro no distingue entre un sueño y la vida real. Por eso, en una pesadilla, el cuerpo reacciona como si fuera real, aunque el sueño no tenga sentido.
La angustia aparece cuando la mente percibe constantemente una amenaza (real o no) y el cuerpo dispara todas sus alarmas: hormonas y neurotransmisores del estrés.
Pero las normas sociales no nos dejan huir ni pelear como en la naturaleza. Eso genera un estrés constante, sin escape. Eso es lo que llamamos estrés.
Ojo: la «amenaza» no tiene que poner en riesgo tu vida de forma inmediata. Puede ser algo leve, insignificante para otros, pero amenazante para ti, muchas veces a nivel subconsciente.
El cuerpo reacciona igual frente a todo tipo de amenazas, sin distinguir el motivo.
Por eso sentimos algo parecido viendo una película de terror que siendo asaltados. La diferencia: intensidad y duración.
Cuando esto se prolonga, y encima estamos inmovilizados (por ejemplo, por miedo a perder el trabajo), aparece lo que llamamos angustia. Y ahí viene el daño, mental y físico.
En definitiva: la angustia es la percepción de una amenaza (real o no) sin la posibilidad de huir o pelear.
Ahora la buena noticia:
Como la mente no distingue entre lo real y lo imaginario, y reacciona siempre igual, esto también es una ventaja.
Si la angustia se genera así y puede causar enfermedad psicosomática, también ocurre lo contrario: cuando la mente percibe algo calmante (real o no), genera bienestar.
Ese bienestar se puede generar cambiando los «filtros mentales», para que lo que nos parece amenazante se vuelva agradable, o al menos neutro. Técnicas como la hipnosis pueden lograr esto.
Seguro conoces situaciones que a algunos les parecen agradables y a otros desagradables. Es cuestión de filtros, de cómo cada uno capta la realidad.
Y eso se puede cambiar, gracias a la plasticidad neuronal.
De hecho, hay cosas que antes te parecían agradables y ahora no. Algo cambió en tu cerebro.
Y si el cambio pasó en una dirección, también puede pasar en la contraria. O en la que sea útil para ti.

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