
El Hospital de Frutillar acaba de dar un paso que, la verdad, podría cambiar muchas vidas. Han puesto en marcha un programa piloto de «Entrenamiento de Autohipnosis orientado a Oncología» para sus pacientes. Es que esta iniciativa tiene raíces profundas en uno de los estudios más influyentes de la psicooncología moderna, una investigación que dirigió David Spiegel en la Universidad de Stanford hace más de tres décadas.
Cuando la caída de la Ansiedad y Estrés Mejora la Sobrevida: El Legado de Stanford
El año 1989. Spiegel y su equipo estaban trabajando con 86 mujeres que enfrentaban cáncer de mama metastásico en cuidados paliativos. Estas no eran pacientes con esperanzas de cura milagrosa, sino mujeres que sabían que estaban viviendo sus últimos momentos, cargando no solo con el dolor físico sino con esa ansiedad aplastante que viene cuando sabes que el tiempo se te escapa entre los dedos.
Pero aquí viene lo extraordinario. Las que participaron en terapia grupal semanal con autohipnosis para controlar el dolor y, sobre todo, para manejar ese estrés que las consumía por dentro, vivieron significativamente más tiempo que las del grupo control. Los números son impresionantes: 36.6 meses versus 18.9 meses. Prácticamente duplicaron su supervivencia.
Incluso, después de 10 años, aún había 3 pacientes con vida del grupo que había aprendido a desestresar su mente.
Lo más hermoso del enfoque de Spiegel, además, fue su honestidad brutal. Los investigadores nunca les mintieron a estas mujeres diciéndoles que la autohipnosis las iba a curar. Porque la verdad es que ni siquiera esperaban estos resultados tan sorprendentes. Su mensaje era mucho más humano y realista: «Vamos a intentar que vivas tan plenamente como sea posible mientras enfrentas esto». Se trataba de ayudarlas a confrontar sus miedos más profundos y a controlar los síntomas de la ansiedad que las agobiaban, lo que fue logrado según el estudio.
Aplicación en Frutillar: Los Pacientes Oncológicos Sienten lo Mismo en Todos los Continentes
El programa que implementó el Dr. Marcelo González, hipnólogo de más de 15 años de experiencia, toma exactamente estos principios fundamentales, pero los adapta a nuestra realidad, a nuestros pacientes, a nuestras familias.
Es que si la autohipnosis logró generar cambios tan profundos en las pacientes de Stanford —no solo en cómo se sentían, sino en cuánto tiempo lograron vivir—, su aplicación aquí en Frutillar representa algo más que una extensión lógica de esos hallazgos. Es una alivio en el estrés que viven estas familias, que han visto cómo la ansiedad se apodera de sus hogares, enfermando también a los cuidadores de sus familiares enfermos.
Más que la caída de la estrés: Una Revolución Interna
La investigación de Spiegel reveló algo que va mucho más allá de simplemente «sentirse mejor». La autohipnosis no solo logró reducir el dolor y esa ansiedad paralizante que acompaña al cáncer, sino que parece influir en procesos biológicos muchísimo más profundos. Hablamos de posibles modificaciones en los sistemas neuroendocrino e inmunológico. O sea, la mente literalmente ayudando al cuerpo a pelear mejor la batalla.
Probablemente, cuando una persona aprende a controlar la ansiedad que la mantienen despierta toda la noche imaginando escenarios terribles, cuando logra calmar esa sensación de estrés que la invade cada vez que va a una consulta médica, algo cambia en su organismo. Es como si todo su sistema dejara de estar en modo de alerta constante y pudiera dedicar energía a lo que realmente importa: sanar.
La caída de la Ansiedad se Expande: Familias que Respiran más Calmadas.
Algo novedoso del programa implementado por el Dr. González es que también se integro a los familiares y cuidadores. Es que cualquiera que haya vivido el cáncer de cerca sabe que la ansiedad no se queda solo en quien tiene la enfermedad. Se extiende como ondas en el agua.
Por eso, la idea es seguir implementando este programa no solo con los pacientes oncológicos, sino también con sus familiares y el personal de salud que los cuida día a día. Porque cuando una madre aprende a manejar su ansiedad mientras acompaña a su hijo en el tratamiento, cuando un esposo deja de despertarse cada madrugada angustiado por su pareja, cuando una enfermera encuentra herramientas para no llevarse a casa el peso emocional de lo que ve todos los días, también evitamos que enferme el grupo que apoya a nuestros enfermos.
Es como crear una red de calma en medio del huracán. Una red donde todos aprenden a desestresarse, durmiendo un poco más tranquilos, a encontrar momentos de paz incluso en medio de la tormenta más difícil de sus vidas.
La verdad es que lo que está pasando en Frutillar no es solo la implementación de una técnica terapéutica más. Es el reconocimiento de que sanar va mucho más allá de combatir células malignas. Es entender que la mente y el cuerpo son aliados inseparables en esta batalla, y que cuando cuidamos una, automáticamente estamos fortaleciendo al otro.

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