
Cada vez que me meto en LinkedIn, no puedo evitar quedarme un rato viendo esas publicaciones sobre estrés laboral. Ya sabes, esas que vienen con listas kilométricas de síntomas que prácticamente abarcan desde el dolor de cabeza hasta la crisis existencial. Y es que, la verdad, es muy fácil sentirse identificado con la mitad de esos síntomas.
Me recuerda mucho a lo que les pasa a mis amigos que estudian psicología o medicina: se leen el manual de trastornos y de repente tienen todas las enfermedades habidas y por haber. Es divertido, pero también preocupante. Por eso me decidí a escribir sobre esto: porque necesitamos aclarar qué es realmente el estrés laboral y qué no lo es.
¿Qué es el estrés laboral realmente?
Mira, el estrés laboral no es simplemente estar agobiado un martes cualquiera porque tienes tres reuniones seguidas. Es algo más profundo: surge cuando las exigencias de tu trabajo superan completamente lo que sientes que puedes manejar.
Es esa sensación constante de estar al límite, como cuando intentas hacer malabares con demasiadas pelotas y sabes que en cualquier momento se te van a caer todas. No hablamos de cansancio puntual, sino de un estado de alerta permanente que termina afectándote en todos los niveles.
Lo que me parece clave aquí es entender que no todo lo que nos estresa tiene que ver con la oficina. A veces mezclamos peras con manzanas, y eso nos confunde bastante.

Los síntomas que realmente importan
Al revisar información seria sobre el tema (no las típicas listas de Instagram), y estos son los síntomas que verdaderamente están conectados con el ambiente laboral:
En tu cuerpo se nota
Los dolores de cabeza que aparecen misteriosamente cada lunes por la mañana y desaparecen el viernes por la tarde. Esa tensión que se te acumula en los hombros, como si cargaras con el peso del mundo mientras contestas emails.
Además, están esos problemas digestivos que parecen tener vida propia: el estómago revuelto antes de las reuniones importantes, esa acidez que no se va ni con antiácidos. Y la fatiga… esa fatiga extraña que no se soluciona durmiendo ocho horas.
Lo emocional también cuenta
Es frustrante, ¿no? Te irritas por tonterías que antes no te molestaban. Tu compañero mastica fuerte y ya quieres mandarle al un puñetazo. O esa desmotivación brutal que te agarra cuando piensas en las tareas del día: como si tuvieras que escalar el Everest para hacer una simple presentación.
La verdad es que lo peor es esa sensación de incompetencia que te persigue. Sientes que por más que te esfuerces, nunca vas a estar a la altura. Y no me hables de los domingos por la noche… esa ansiedad anticipatoria que te arruina el fin de semana.
Cambios en tu comportamiento
Te das cuenta de que empiezas a evitar a tus compañeros, como si fueras un ermitaño en plena oficina. Tu relación con la comida se vuelve rara: o te olvidas completamente de comer o te atrancas con todo lo que encuentras en la máquina expendedora.
Y es que la procrastinación se convierte en tu mejor amiga. Postponer todo lo importante mientras te dedicas a reorganizar tu escritorio por decimoquinta vez. Sin mencionar que el café ya no es suficiente: necesitas esa copa de vino «para relajarte» o esos cigarrillos extra para «despejar la mente».
Lo curioso es que cuando leo estos síntomas, también me siento identificado a veces. Pero aquí está el truco: la diferencia está en la frecuencia y en cuándo aparecen.
La gran confusión: trabajo vs. vida personal
Este punto me parece súper importante, porque a menudo metemos todo en el mismo saco. No todo el estrés que sientes en la oficina viene del trabajo en sí.
Imagínate: estás pasando por un divorcio complicado y llegas al trabajo hecho polvo. Te cuesta concentrarte, estás irritable, no rindes como antes. Es fácil pensar «esto es estrés laboral», pero en realidad el problema viene de casa.
La diferencia es bastante clara cuando la analizas:
- Si es estrés laboral: los síntomas se disparan cuando piensas en proyectos, deadlines, tu jefe o esa reunión pendiente. Los fines de semana te sientes mejor (hasta el domingo por la noche).
- Si viene de fuera: los problemas te acompañan las 24 horas, pero se intensifican cuando tienes que fingir que todo está bien en el trabajo.
Es como esa sensación de sugestión que mencionaba al principio: lees tantas listas de síntomas que terminas creyendo que tienes todo. Pero si te paras a pensar cuándo y por qué aparecen, la cosa se aclara bastante.
Qué pasa si haces oídos sordos
Ignorar estas señales es como taparse los ojos esperando que el problema desaparezca solo. Y la verdad, las consecuencias pueden ser bastante serias:
El insomnio se vuelve tu compañero de madrugada. Tu presión arterial empieza a hacer de las suyas. La ansiedad y la depresión tocan a tu puerta sin avisar. Y en el peor de los casos, acabas quemado del todo: el famoso burnout, que es como estar emocionalmente en bancarrota.
No es broma. He visto gente que llegó a ese punto y necesitó meses para recuperarse. Por eso es mejor actuar antes de que la cosa se ponga fea.
Estrategias que funcionan de verdad
Mira, eliminar completamente el estrés laboral es prácticamente imposible (a menos que te toque la lotería y te jubiles a los 30). Pero sí puedes hacer cosas para que no te arrolle:
Esas pausas activas no son una tontería hippie: levántate, estírate, camina hasta la ventana. Tu cuerpo te lo agradecerá. Además, organizar tus tareas según lo que realmente urge (no todo es súper importante, aunque te lo vendan así) te puede salvar la cordura.
Si tu carga de trabajo es objetivamente inhumana, habla con tu jefe o con recursos humanos. No tienes por qué ser un mártir corporativo. Y es que técnicas como la respiración profunda o esos cinco minutos de meditación pueden parecer una tontera, pero funcionan más de lo que crees.
Por último, pero no menos importante: cuida lo básico. Come bien, muévete más que un poco, duerme las horas que necesitas. Suena a consejo de abuela, pero es que la abuela tenía razón.
Para cerrar
La cosa no va de memorizar listas interminables de síntomas como si fueras un manual médico andante. Se trata de escucharte y reconocer patrones: ¿cuándo te sientes peor? ¿qué situaciones te disparan? ¿es algo que solo pasa en el trabajo?
La próxima vez que te encuentres con una de esas publicaciones apocalípticas sobre estrés laboral en LinkedIn, tómatelo con pinzas. El verdadero estrés laboral es el que nace y crece específicamente en tu entorno de trabajo.
Y recuerda: reconocerlo es el primer paso. No para machacarte más, sino para cuidarte mejor. Al final, de eso se trata.

Estrés laboral en Chile: ¿Qué tanto es realidad o percepción?
Crisis de Pánico: Síntomas

Cómo evitar el estrés con deportes: guía completa para transformar tu bienestar
Qué son las crisis de pánico

Cómo evitar el estrés laboral en las empresas: estrategias reales desde la neuroplasticidad