
Imagínate esto: estás en el supermercado, comprando lo de siempre, cuando de repente tu corazón empieza a latir como si hubieras corrido una maratón. Las manos te sudan, sientes que el aire no te llega bien y una voz en tu cabeza te susurra que algo terrible va a pasar. La verdad es que enfrentarse a una crisis de ansiedad puede ser una de las experiencias más demoledoras que alguien puede vivir.
Es que, aunque desde fuera parezca «solo un mal rato», quienes hemos pasado por esto sabemos que la sensación es tan brutal que, aun cuando nuestra mente racional entiende que no hay ningún león persiguiéndonos, resulta casi imposible detener esa avalancha de miedo que nos arrasa por completo.
A lo largo de los años, he aprendido tanto de especialistas como de mi propia experiencia, qué hacer cuando la ansiedad decide presentarse sin avisar y armar su numerito.
¿Qué es una crisis de ansiedad?
Una crisis de ansiedad —o ataque de pánico, como también le dicen— es básicamente tu cuerpo activando todas las alarmas ante una amenaza que en realidad no existe. Es como si tu sistema nervioso fuera un guardia de seguridad súper paranoico que confunde una hoja cayendo con un ladrón.
El sistema nervioso simpático, ese que se supone que nos mantiene alerta, se vuelve loco y dispara toda una cascada de reacciones que nos dejan hechos un desastre:
Tu corazón se acelera hasta parecer que va a explotar. Además, empiezas a sudar como si estuvieras en un sauna. La angustia aparece de la nada, la respiración se vuelve entrecortada, como si el aire fuera demasiado espeso. Y por si fuera poco, tienes esa sensación agobiante de que estás perdiendo el control completamente.
Lo más frustrante de todo esto —y créeme que lo sé por experiencia propia— es que muchas veces no hay ni siquiera una razón aparente.
Y después de la tormenta, te quedas ahí preguntándote «¿pero qué carajo fue eso?», inventando mil explicaciones que, la verdad, solo terminan alimentando más ansiedad. Es un círculo vicioso que te puede volver completamente loco.
Con el tiempo descubrí que estas crisis suelen estar más relacionadas con un desbalance del sistema nervioso autónomo. Es como si tu cuerpo estuviera constantemente en modo «alerta roja», esperando el próximo peligro imaginario.

¿Qué hacer en medio de una crisis de ansiedad?
Cuando estás en medio de una crisis de ansiedad, lo último que quieres escuchar es «tranquilízate» o «respira hondo». Es que no funciona así, ¿verdad? Lo importante es buscar técnicas efectivas que activen el sistema parasimpático —el hermano zen del sistema nervioso que se encarga de calmarnos—.
Después de varios años de prueba y mejora, estas son las estrategias que realmente me han salvado:
1. El truco de cambiar de posición (que suena tonto pero funciona)
Esto me lo enseñó una fisioterapeuta y al principio pensé «¿en serio?». Pero la cosa es así: te acuestas en el suelo y elevas las piernas apoyándolas contra una pared, como si fueras a hacer abdominales al revés.
Este simple gesto, ayuda a mejorar la circulación y manda una señal directa a tu cuerpo de que es hora de relajarse. Personalmente, este movimiento me ha dado un alivio casi inmediato en los momentos más desesperantes. Es como si le dijeras a tu sistema nervioso: «Oye, tranquilo, que aquí no pasa nada grave».
2. La maniobra de Valsalva (o cómo engañar a tu nervio vago)
Esta técnica tiene nombre raro pero es súper efectiva. Consiste en tomar aire profundamente y, sin soltarlo, hacer fuerza con el abdomen como si fueras al baño. Mantienes esa presión todo el tiempo que puedas y luego sueltas el aire lo más lento que puedas y manteniendo la presión del abdomen, para volver a inhalar y repetir.
3. Lo más importante, la clave está en practicarlo cuando estás tranquilo, porque en plena crisis es difícil recordar los pasos exactos. Yo solía practicarlo mientras veía televisión hasta que se volvió automático. Cuando logras dominarlo, se convierte en tu as bajo la manga —una herramienta que estimula el nervio vago y activa esa respuesta de calma que tanto necesitas—.
Los efectos son casi mágicos:
Tu corazón empieza a bajar revoluciones, como cuando apagas el motor de un carro después de un viaje largo. Los vasos sanguíneos se relajan y dejan de estar tensos como cuerdas de guitarra. Todo tu cuerpo entra en un estado de calma que, francamente, se siente como un regalo del cielo.
Estrategias preventivas para reducir las crisis
No todo se trata de apagar incendios cuando ya están encendidos. También hay cosas que puedes hacer para que estos episodios aparezcan cada vez menos seguido —o mejor aún, que no aparezcan—.
La respiración diafragmática diaria es como ir al gimnasio, pero para tu sistema nervioso. Al principio se siente raro y artificial, pero después de unas semanas tu cuerpo aprende que existe otra forma de respirar que no sea esa respiración cortita y desesperada.
Mantener horarios regulares de sueño es fundamental, aunque sé que suena a consejo de abuela. Es que la falta de descanso es como echarle gasolina al fuego de la ansiedad. Tu cuerpo ya está en modo alerta, imagínate si encima está cansado.
El ejercicio moderado —no hace falta que te vuelvas maratonista— ayuda a descargar toda esa tensión que se va acumulando como vapor en una olla de presión. Además, caminar o nadar libera endorfinas, que son como pequeños regalos de felicidad que tu cuerpo se hace a sí mismo.
Reducir la cafeína y el alcohol también marca la diferencia. Sé que es difícil renunciar a ese café matutino, pero tanto la cafeína como el alcohol alteran tu sistema nervioso de maneras que no siempre notamos conscientemente.
Mi aprendizaje personal sobre las crisis
Con los años entendí algo crucial: no se trata de «calmarse» porque alguien te lo diga. Es que eso simplemente no funciona, punto. Se trata de entrenar a tu cuerpo para que responda diferente, como enseñarle nuevos trucos a un perrito muy nervioso.
Hoy prefiero un enfoque más práctico: cuando siento que la ansiedad asoma la cabeza, simplemente aplico lo que sé que me funciona. Subo las piernas a la pared, hago mi maniobra de Valsalva, y no me pongo a filosofar sobre las causas cósmicas de mi crisis. Es más efectivo y menos agotador.
La luz al final del túnel
Si alguna vez te has encontrado preguntándote «crisis de ansiedad, ¿qué hacer?» mientras el corazón te late en las sienes, quiero que sepas que la respuesta existe y es doble: en el momento inmediato, usa herramientas concretas que le den a tu cuerpo lo que necesita para calmarse; a largo plazo, construye hábitos que fortalezcan tu sistema nervioso como si fuera un músculo.
Y aquí viene lo más importante: aunque en plena crisis parezca que jamás vas a salir de ese infierno, sí es posible recuperar el control. No es fácil, no es rápido, pero es completamente posible. Tu cuerpo puede aprender nuevas formas de responder, y tú puedes volver a sentirte dueño de tu propia vida.

Cómo desestresarse emocionalmente: guía práctica
Cómo controlar la Ansiedad: Auto-Hipnosis una potente solución.
Auto-Hipnosis: Una solución efectiva para combatir el estrés laboral y algo más
Crisis de Pánico: Síntomas
Calmar el Estrés y la Ansiedad en Trastorno del Espectro Autista: Hipnosis Clínica Una Herramienta Poderosa
